La íntima relación que unió a la poetisa chilena Gabriela Mistral con su albacea estadounidense Doris Dana sale ahora a la luz con la publicación de la correspondencia que ambas mantuvieron y que fue donada al Gobierno chileno. Cuando la Premio Nobel de Literatura falleció en 1957, su legado pasó a manos de su compañera y secretaria Doris Dana, empleada ocasional del Departamento de Estado de EE.UU. y 31 años más joven que la poetisa chilena, a la que conoció en Nueva York.